jueves, abril 24, 2008

Qué quiere la islandesa? Con su hilo de voz, sus ojos curiosos, sus rasgos desdibujados.
Sería cruel pensar qué es frígida solo porque viene de una isla de hielo. Lo cierto es que nunca la oí gemir a través de las finas paredes.
Pasan bastante tiempo en casa, son equitativos y disciplinados.
Su desayuno: exacto. El mismo tamaño, la misma composición.
Desayuno variado. Tarta de manzana, papaya cortada y comida con cuchara, separando la carne de la piel pacientemente. La islandesa habla poco, mira tranquila, difícil definir si su mirada es insulsa o inteligente.

Pan con tomate y queso...

Dulce, salado. El equilibrio. El recato. Frente al extrovertido muchacho. Sanote, hablador y campechano catalán.

(asiduo a irse de putas?)

Desde mi habitación todo se escucha. Conversaciones fragmentadas, rutinarias, siempre cordiales. Plantan tomatitos, hierbas aromáticas, tienen un gato.
Nunca se les oye discutir. Tampoco gemir, ya lo he dicho. ni reír a carcajadas.
El comedimiento implica no ostentar las pasiones. El friega, sube la compra, colabora en todo. El perfecto compañero, agente inmobiliario. Ella, diseñadora de ropa. Ni mucho, ni poco. Muebles de la facción pija de ikea, navidades en familia, desayunos en la terraza...

El otro día la vía salir del portal. La cara roja, (tiene la piel sensible, es nórdica) una maleta mediana, mirada huidiza, hilo de voz al saludar.
Hace días que solo lo veo a él, nuestras ventanas se miran, día y noche.

Creo que la islandesa nunca va a volver.