lunes, octubre 26, 2009

Sacar la basura (o carta de Mia Farrow a Woody Allen)

Hola, querido cabrón.

Hace tiempo que quería escribirte. Unos 7 años, aproximadamente.
El tiempo que llevo sin oír una taladradora que llegaba hasta la nausea cuando pensaba en tí. Ahora, ya sólo queda la nausea.

Hoy, Frankie , Isahiah, Moses, Eliza y Kaeli- Shea estuvieron aquí. Fue un día agradable. Jugamos cricket y comimos panqueques. Uhh... no sé porqué los kilos se me acumulan sólo en las caderas. Creo que aunque pesase 100 kilos, mi cara seguiría siendo la delgada y lánguida imagen que todos esperan. La de tú "aburrida" y frágil mujer, aunque "sólida y decente". Tú imagen.
15 años han pasado ... ¡dios mío! ¡es mucho tiempo!
No para perdonar, claro. Pero se podría decir que soy feliz ahora (a pesar de ti)

¿Alguna vez te interesó saber que es lo que más me dolió de todo "este asunto"?
Pues te lo digo ahora: Fuiste tú.
TÚ fuiste el único artífice de mi dolor.
No lo que hiciste, con esa chica, con la que jugabas en el parque, con mi confianza, con mi ingenuidad... Sino lo que hiciste CONMIGO.

¿Acaso creías conocerme? ¿Creias poder recrearme en tus reiteradas pajas mentales?
La mojigata indefensa. La "pasiva- agresiva", atribulada y soñadora, siempre dubitativa y descontenta con su vida. Una cerilla mojada ¿ es así como me veías?
Oh! ¿Qué fue de tu gatita pecosa, tu incandescente y traviesa niña...?
Hum, ¿Se sonroja ahora, señor?

¿Sabes? no vi ni una de tus últimas verborreas fílmicas, dios me libre.
Sólo una pregunta: ¿ Vas a seguir haciendo lo primero que se te ocurra durante mucho más tiempo? Abandonaste a tu musa ¿Dejaste también de hablar con dios sobre tú inspiración?
jaja! Creo que rodearte de voluptuosas jovencitas en la senectud no aumenta tu potencial creativo. Y creo que nuestra chinita tampoco parece ayudarte...
(...Dile que nunca la he odiado).
A tí sí, pero no por mucho tiempo. El odio, aniquila nuestro karma.
(Sí, puedes mofarte también de esto en uno de los próximos personajes de alguno de tus próximos bodrios ).

Bien, maldita alimaña, sólo una cosa más antes de terminar.
¿Quieres saber porqué me deje usar en todas tus prostituciones fílmicas?
¿Por qué toleré que mostraras jocosamente mi bondad?

Pues porque TE QUERÍA, pequeño imbécil. Porque te quería, confiaba en ti.
Por eso me hubiera embarcado en todo lo que me hubieras pedido.
Te hubiera entregado mi rostro y mi alma, para que lo despellejases en cualquiera de tus lucubraciones pseudo- cinéfilas. Para que tú público sonriese ante mi cruel parodia, para que se solazase con mi pudor ...
Ahora, todo se acabó.

Es de noche, todos duermen y los grillos cantan.
Se respira una enorme tranquilidad cósmica.

Adiós, querido cabrón.