Desde que el verano comenzó a despuntar tímidamente
-los rayos entre nubes calentaban parcialmente las estrechas callejuelas entre destartalados edificios- las expectantes feromonas-macho comenzaron también a despuntar.
Me da miedo que llegue el verano de lleno,
qué el calor punzante aplaste la encrucijada de callejuelas
y vele con ello las miradas de esos "hombres-macho" que pasan el día apostados, indolentes,
a cada lado de las desorientadas callejuelas.
Unos tíos embuten una almohada doble en la trituradora de residuos, curiosa acción en un barrio donde se traspasa hasta el más mísero trozo de madera. La funda, de estrellitas, limpia, el relleno de primera, sin pelotillas ni rugosidades ni malformaciones sintéticas. La flamante almohada se resiste a ser engullida por la pútrida boca de la trituradora, pero ellos perseveran, obstinados en completar tan arduo proceso.
Antes de emanciparme nunca había imaginado que las almohadas no son pas baratas...
Todas las miradas se tornan sospechosas (o veladas por encendidas "feromonas-macho") tras el deshecho de la almohada-mariposa en la callejuela.
Una, dos, tres embarazadas.
Cómo les afectarán las lacerantes sirenas?
Los continuos pitidos, las bocanadas de olor a mierda?
Las callejuelas ribeteadas de regueros sospechosos inherentes al pavimento, muy a pesar de los prohombres (y promujeres) de la bcneta?
Ahora que tengo tiempo me gustaría también pasearme con un buen bombo.
Cómo decía Maria de Medeiros en pulp fiction,
Las tripitas hinchadas son sexy.